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miércoles, 9 de abril de 2014

María Miramontes.

No día de onte a Factoría Ronsel fixo eco da figura de María Miramontes.
A Casa-Museo súmase á reivindicación da figura de María, muller galega nada no ano 1895 en Bergondo.
A información que recolle Ronsel a redor da figura de María no seu perfil no día de onte é a seguinte:
“De todos os esquecementos da historia galega, un dos máis vergoñentos é o de María Miramontes. Se Castelao dixo do seu home, Ánxel Casal, aquelas fermosas palabras de "Fixo máis por Galiza que todos nós", sen dúbida ela fixo tanto como Casal. Nacida en Bergondo en 1895, militou nas Irmandades da Fala. Desde o seu taller de costura saíron os cartos para a editorial Nós, para A Nosa Terra, para as Escolas de Insiño en Galego e para infinidade de proxectos colaborando tamén, de forma importante, no sostén económico das Irmandades e do Partido Galeguista. Incluso cando Ramón Suárez Picallo volta de Madrid despois de perder a súa acta de deputado (con 50 pesetas no peto e como di Luis Seoane con todo o que tiña nun fardel de mariñeiro) é o taller de costura quen sufraga os gastos dos seus estudos. Por suposto cose tamén os libros da editorial Nós e de Lar e colabora activamente na campaña do estatuto. Cando o seu home é asasinado na guerra civil, María marcha a Bos Aires onde atopa a amizade da familia Dieste e de Luis Seoane. Este, cando morre María en 1964, escribe un artigo para Galiza Emigrante laiándose do esquecemento no que caeu a súa figura e di: "... estraía os seus aforros do seu traballo de modista para invertilos nos deficts de A Nosa Terra, da revista Nós, dos temas dos Arquivos do Seminario de Estudos...". Sen dúbida, ela fixo por Galiza máis do que ninguén”
Pouco a pouco coñecemos un pouco máis sobre figuras esquecidas, figuras non coñecidas ou figuras pouco reivindicadas.
Parabéns á Factoría Ronsel por achegarnos á figura de María Miramontes.

martes, 8 de abril de 2014

‘La dama de armiño’ de El Greco, una pintura repleta de enigmas

‘La dama de armiño’ de El Greco, una pintura repleta de enigmas

Detalle de 'La dama de armiño', obra atribuida a El Greco | Crédito: Wikipedia.
Con motivo de los distintos actos organizados a raíz de la conmemoración del cuarto centenario de su muerte, El Greco vuelve a estar de moda, y buena prueba de ello son las largas colas que se forman día tras día en los diferentes espacios expositivos que forman parte de ‘El Griego de Toledo’.
[Relacionado: Sofonisba Anguissola, la única pintora del Prado]
Un éxito arrollador que no era difícil de imaginar, pues es la primera vez que se reúnen en un mismo lugar tantas obras del fascinante artista cretense –más de cien–, procedentes de una treintena de museos y colecciones privadas de todo el mundo.
Pero a pesar de todo este despliegue de medios y obras de arte, hay una pintura que nos interesa especialmente, pues se trata de un lienzo rodeado de interrogantes y polémicas entre los historiadores: ‘La dama del armiño’, actualmente en propiedad de la Pollok House de Glasgow.
Pese a sus modestas dimensiones –mide apenas 60 por 50 centímetros–, este óleo sobre lienzo ha cautivado la atención de los especialistas durante años, y de forma especial en las últimas décadas.
Aunque no hay documento contemporáneo alguno que haga referencia a su autoría por parte de El Greco, tradicionalmente se ha considerado que esta pintura –en la que una dama de mirada penetrante y misteriosa mira con cierto desafío al espectador–, es obra del artista griego.
Algunos autores han sugerido que la misteriosa dama que aparece retratada en la pintura y que se abriga con una piel –de lince, por cierto, y no de armiño– podría ser Jerónima de las Cuevas, la mujer con la que El Greco mantuvo una breve relación de la que nació su único hijo, Jorge Manuel Theotocópuli.
Esta identificación, sin embargo, es únicamente una especulación, pues no hay evidencias que permitan demostrar esta hipótesis. De hecho, es que en los últimos años han sido varias las voces que no sólo niegan esta posibilidad, sino que van más allá y descartan que la pintura sea una obra de El Greco.
Lo cierto es que el retrato es un tanto atípico respecto al resto de la producción del artista, quien retrato a pocas mujeres. El detalle de que la dama fuera retratada mirando con cierto aire de desafío e incluso de seducción tampoco era muy habitual en la pintura de comienzos del siglo XVI, pues no se consideraba apropiado que una mujer estableciera contacto visual directo con el hipotético espectador de la obra.
'Retrato de Jorge Manuel Theotocópuli', de El Greco | Crédito: Wikipedia.Pero, si no es Jerónima de las Cuevas, ¿quién es la mujer que nos mira desde el cuadro? Y, lo que es más importante: si el autor de la obra no fue El Greco, ¿quién fue el responsable de su creación?
Una de las primeras referencias que poseemos sobre la pintura se remonta a la primera mitad del siglo XIX. En aquellas fechas, se encontraba en España el barón Isidore-Justin Taylor, un noble al servicio del rey Luis Felipe de Francia, para quien estaba reuniendo una colección de arte español que debía exponerse en el Museo del Louvre.
Entre otras muchas pinturas, el barón Taylor compró ‘La dama de armiño’ –adquirida al coleccionista Serafín García de la Huerta–, y la trasladó a París. Allí se expuso en 1838 bajo el título de ‘La hija de El Greco’, sin que sepamos qué datos llevaron al barón a identificar la pintura con una obra del artista de origen griego. Es posible que fuera el propio vendedor, García de la Huerta, quien le atribuyera este origen.
Como decíamos antes, en la actualidad son varios los estudiosos que descartan la autoría de El Greco, y señalan a otros artistas. Para las historiadoras María Kusche y Carmen Bermis –ambas ya fallecidas–, por ejemplo, la pintura sería en realidad una obra de la artista Sofonisba Anguissola, a quien ya tuvimos ocasión de conocer anteriormente.
En opinión de Kusche –que fue una de las mayores especialistas en la figura de Anguissola–, la dama retratada podría haber sido nada menos que Catalina Micaela, la segunda hija de Felipe II, y Duquesa de Saboya, pues guarda cierto parecido con un retrato que hizo de ella Alonso Sánchez Coello.
Una hipótesis que sin embargo descartó en su día el experto José Álvarez Lopera –una de las voces más autorizadas sobre El Greco–, al argumentar que un miembro de la familia real jamás habría mirado al espectador de forma tan directa y seductora.
Superposición de 'La dama de armiño' y el 'Retrato de Catalina Micaela', de Coello.
Otros autores, como el periodista e investigador Antonio García Jiménez, también rechazan la autoría de El Greco, pero incluso se atreven a ir aún más allá. En opinión de García Jiménez, la obra no sólo no sería El Greco, sino que ni siquiera habría sido pintada en el siglo XVI. Para este estudioso, la pintura fue creada en el siglo XIX, y posiblemente está retratando a una actriz que en aquellas fechas representaba la obra ‘La judía de Toledo’.
Según García Jiménez, es posible que fuera el propio Serafín García de la Huerta –al parecer conocido en la época por atribuir sin demasiada fiabilidad pinturas a artistas célebres–, quien afirmase sin mayores pruebas que ‘La dama de armiño’ había sido pintada por El Greco, con la única intención de obtener un buen precio por su venta al barón Taylor.
[Relacionado: El enigmático caballero de Velázquez]
No sería difícil comprobar si la pintura remonta sus orígenes al siglo XVI o si por el contrario es una creación más moderna, pero parece poco probable que los actuales propietarios de la obra se arriesguen a que un análisis de resultado desfavorable reste valor a la que en la actualidad es una pieza de enorme valor.
Fuentes: ÁLVAREZ LOPERA, José. ‘El Greco’ (Ed. Akal, 2001); Museo del Prado, Efe.
@YahooActualidad en Twitter,‘La dama de armiño’ de El Greco, una pintura repleta de enigmas
Con motivo de los distintos actos organizados a raíz de la conmemoración del cuarto centenario de su muerte, El Greco vuelve a estar de moda, y buena...
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martes, 4 de marzo de 2014

Pardo Bazán ao castelán da obra de John Stuart Mill.

O vindeiro día 8 de marzo celebramos o “Día Internacional da Muller”.

A Casa-Museo pon en marcha unha serie de actividades o día 6 e 7 de marzo coa finalidade de dignificar o traballo desenvolvido por tantas e tantas mulleres ao longo da historia.

A autora herculina a través da súa literatura, a través do seu xornalismo e a través da súa propia vida dignifica a súa presenza e a súa opinión ao mesmo nivel que calquera home, nunha etapa histórica na que as mulleres vivían submisas respecto dos ditames emitidos por eles.

Unha lectura moi recomendable é “La esclavitud femenina”; tradución feita por Pardo Bazán ao castelán da obra do filósofo inglés John Stuart Mill. Obra recompilada na Biblioteca de la Mujer.

Podedes desfrutar da súa lectura na seguinte ligazón.

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-esclavitud-femenina--0/html/

M.G.P.

domingo, 2 de marzo de 2014

PIERRE BOURDIEU – EXISTIR PARA LA MIRADA MASCULINA: LA MUJER EJECUTIVA, SECRETARIA Y SU FALDA

PIERRE BOURDIEU – EXISTIR PARA LA MIRADA MASCULINA: LA MUJER EJECUTIVA, SECRETARIA Y SU FALDA

Si bien nos congratularnos de los innegables avances de la condición femenina en los últimos 50 años, y militamos por la paridad en política y por el reparto de las tareas domésticas, seguimos determinadas por una visión masculina del mundo que establece la diferencia entre los sexos. Justamente es esa dominación masculina, a la que la historia ha querido conferir un carácter natural, un arbitraje cultural y una construcción sociológica, la que la familia, el Estado y la escuela se empeñan hoy en reproducir. Le hemos pedido al sociólogo Pierre Bourdieu (La dominación mascuina. Anagrama, 1999) declinar e ilustrar su teoría a partir de algunos personajes (la directora ejecutiva, la secretaria, la enfermera), y del análisis de un objeto emblemático: la falda.
ls-minifalda
A menudo se dice que una mujer que obtiene un cargo de importancia tiene que ofrecer mayores pruebas de excelencia que un hombre, como si debiera compensar con mil cualidades algún defecto.
En efecto, las mujeres que acceden a cargos de poder son “sobre-seleccionadas”, se le piden más distinciones profesionales a una mujer que a un hombre para un cargo de dirección ejecutiva. También se les da mayores prestaciones sociales al inicio para no tener que acumular las desventajas. Así, casi necesariamente, ellas están más calificadas que los hombres que ocupan puestos similares, y su origen es más burgués. Lo mismo sucede con los ministros. Esto no deja además de plantear problemas en el debate sobre la paridad en política, pues se corre el riesgo de remplazar a hombres burgueses por mujeres todavía más burguesas. No se hace lo necesario para que esto cambie realmente: por ejemplo, un trabajo sistemático, sobre todo en las escuelas, para dotar a las mujeres de instrumentos de acceso a la palabra pública, a los puestos de mando. Sin ello, tendremos los mismos dirigentes políticos con sólo una diferencia de género.

Para hablar de la mujer ejecutiva, ¿cuáles son las estrategias, a menudo inconscientes, que se utilizan para negarle legitimidad a su ejercicio del poder?
Se trata de mil pequeños detalles, basados todos en el postulado de que una mujer en el poder, una mujer que da órdenes, no es algo evidente, no es algo “natural”. En la definición de una profesión hay también todo aquello ligado a la persona que la ejerce. Si está hecha para un hombre con bigotes y llega a ejercerla una jovencita con minifalda, pues ¡no está bien! Siempre faltará el bigote, la voz grave y sonora que conviene a una persona con autoridad: “¡Hable más fuerte, no se le oye!”, ¿qué mujer no ha padecido esta exclamación en una reunión de trabajo? La definición tácita de la mayoría de los puestos de dirección supone una forma de levantar la cabeza, de modular la voz, seguridad, desenfado, el “hablar para no decir nada”, y si ella habla con más intensidad de la cuenta, con seriedad o ansiedad, pues eso resulta inquietante. Sin analizarlo siempre, las mujeres resienten todo esto, a menudo en sus cuerpos, como una forma de estrés, tensión, sufrimiento, depresión…
Y obviamente una mujer con fuertes responsabilidades profesionales deberá sacrificar alguna otra cosa…
Cierto feminismo ha concentrado sus críticas en el espacio doméstico, como si el hecho de que un marido lave los trastes bastara para suprimir la dominación masculina. Muchos fenómenos sólo se comprenden si ponemos en relación lo que sucede en el espacio doméstico y lo que se da en el espacio público. Se dice que las mujeres cumplen con dos jornadas de trabajo. Esa es la manera sencilla de explicar el problema. En realidad se trata de algo más complicado. En el estado actual de las cosas, la mayoría de las conquistas femeninas en el espacio doméstico deben pagarse con sacrificios en el espacio público, en la profesión, en el trabajo, y al revés. Si hacemos economía del análisis de esta articulación entre los dos espacios, nos condenamos a sólo tener reivindicaciones parciales, las cuales pueden conducir a medidas en apariencia revolucionarias y que en realidad son conservadoras. Todos los movimientos de dominados –la descolonización, los movimientos sociales– a menudo han obtenido así beneficios, pero con efectos perversos.
Al otro extremo de la mujer ejecutiva, que ejerce un “oficio de hombre”, hablemos de la enfermera. ¿Por qué y cómo se trata de un “oficio de mujer”?
Su pregunta me remite a la reflexión, espléndidamente tautológica, de una adolescente a la que una vez yo interrogaba: “¡Hoy en día no hay muchas mujeres que hagan oficios de hombres!” Los oficios de mujer se ajustan, por definición, a la idea que se tiene de ella, son los menos “oficios” de todos los oficios. Y es que los oficios verdaderos son oficios de hombre. Un oficio de mujer es un oficio femenino, es decir, subordinado, a menudo mal remunerado; y es finalmente una actividad donde supuestamente debe la mujer expresar sus disposiciones “naturales” o consideradas tales.
En estadísticas que en Estados Unidos clasificaban las profesiones de acuerdo con el grado de feminización, la de enfermera ocupaba un primer lugar de la lista (la enfermera de niños estaría todavía más arriba). En efecto, ella satisface todos los requisitos: los cuidados, la atención, la entrega, la abnegación, etcétera. Es el oficio de mujer por excelencia. Sobre todo porque se ejerce en un medio extremadamente masculino. Los hospitales, sobre todo en Francia, están todavía dominados por una visión militar del mundo, un mundo muy jerarquizado… La visita del “patrón” es un ritual en el que se despliega esta jerarquía. Exactamente como un general que revisa sus tropas. El patrón es este personaje central, total, rodeado de mujeres, como conviene a las leyes de la distinción social.
¿Es lo mismo ser femenina para una mujer ejecutiva que para una secretaria?
No, para nada. Los límites están ligados a la función. La directora ejecutiva debe ser mucho menos femenina que la secretaria, o más bien, debe serlo de manera muy distinta. Femenina, pero no demasiado, debe afirmar su autoridad conservando su feminidad, sometiéndose por ejemplo a las obligaciones de vestimenta a las que también los hombres se someten (cortes rígidos, colores sobrios), pero con una ligera sospecha de los detalles femeninos (la falda, el maquillaje tenue, la joya discreta, etcétera). Y como la sumisión se inscribe de modo muy profundo en el rol femenino, particularmente en lo sexual, la sumisión profesional que se le exige a la secretaria no plantea ningún problema. A menudo ésta se acompaña incluso de una sumisión inconsciente más completa, de la espera de una relación casi amorosa (o maternal).
¿Pierre Bourdieu, para qué sirve la falda?
Es difícil comportarse correctamente cuando se lleva una falda. Si usted es un hombre, imagínese en una falda, más bien corta, y trate de ponerse en cuclillas, de levantar un objeto del piso, sin moverse de la silla y sin abrir las piernas… La falda es un corsé invisible que impone en los modales una atención y una retención, una manera de sentarse, de caminar. Tiene finalmente la misma función que la sotana. Llevar una sotana es algo que realmente transforma la vida, y no sólo porque uno se vuelve cura a los ojos de los demás. Se te recuerda constantemente tu estatus con ese trozo de tela que interfiere entre tus piernas, y que para colmo es una interferencia de tipo femenino. ¡No puedes correr! Todavía veo a los curas de mi infancia levantándose las faldas para jugar a la pelota vasca.
La falda es una suerte de recordatorio. La mayoría de los dictados culturales sirven para recordar el sistema de oposición (masculino/femenino, derecha/izquierda, alto/bajo, duro/blando..) en que se funda el orden social. Oposiciones arbitrarias que terminan por prescindir de justificativos y que se registran como diferencias de naturaleza. Por ejemplo, en el “Coge el cuchillo con la mano derecha” se transmite toda una moral de la virilidad, y en esa oposición entre la derecha y la izquierda, la derecha es “naturalmente” el lado de la virtus como virtud del hombre (vir).
¿La falda es también un taparrabo?
Sí, pero eso es secundario. El control es mucho más profundo y más sutil. La falda muestra más que un pantalón, y es difícil de llevar justamente por lo que puede llegar a mostrar. He ahí toda la contradicción de la expectativa social respecto de las mujeres: deben ser seductoras y moderadas, visibles e invisibles (o en otro registro, eficaces y discretas). Hemos hablado mucho de este tema, de los juegos de seducción, del erotismo, de toda la ambigüedad de lo exhibido y lo oculto. La falda encarna muy bien todo eso. Un short es algo mucho más sencillo: oculta lo que oculta y muestra lo que muestra. La falda corre siempre el riesgo de mostrar más de lo que muestra. ¡Hubo una época en que bastaba vislumbrar un tobillo!…
Usted menciona a una mujer que dice: “Mi madre jamás me dijo que no abriera las piernas”; y sin embargo, ya ella sabía que “para una joven” no era conveniente hacerlo. ¿De qué manera se reproducen las disposiciones corporales?
Las conminaciones en materia de buena conducta son particularmente poderosas porque se dirigen en primer lugar al cuerpo sin pasar necesariamente por el lenguaje o por la conciencia. Las mujeres saben sin saberlo que al adoptar tal o cual comportamiento, tal o cual vestimenta, se exponen a ser percibidas de tal o cual manera. Hoy, el gran problema de las relaciones entre los sexos es que existen contrasentidos, en particular de parte de los hombres, sobre lo que significa la vestimenta femenina.
Muchos de los estudios consagrados a asuntos de violación han mostrado que los hombres ven como provocaciones actitudes que de hecho están conformes a una moda en la vestimenta. Muy a menudo las mujeres mismas condenan a las mujeres violadas con el pretexto de que ellas “se lo buscaron”. Añádase a eso la parte judicial, la mirada de los policías, y luego la de los jueces, muy a menudo hombres… Se entiende que las mujeres vacilen en levantar una demanda por violación o por acoso sexual…
¿Ser mujer es entonces ser percibida? ¿La mirada masculina hace a la mujer?
Todo el mundo se somete a miradas, pero esto con mayor o menor intensidad según las posiciones sociales y sobre todo según los sexos. En efecto, una mujer está más expuesta a existir a través de la mirada ajena. Por eso la crisis de adolescencia, que tiene que ver justamente con la imagen de sí que se brinda a los demás, es a menudo más aguda en las jóvenes. Lo que se describe como coquetería femenina (¡el adjetivo está de más!), es la manera de comportarse cuando se está siempre en peligro de ser percibido.
Pienso en el trabajo notable de una feminista estadunidense a propósito de los cambios en la relación con el cuerpo que produce la práctica deportiva y en particular la gimnasia. Las deportistas se descubren otro cuerpo, un cuerpo para estar bien, para moverse, y no ya para la mirada de los demás, y en particular la de los hombres. Pero en la medida en que se liberan de la mirada, se exponen a ser vistas como masculinas. Es el caso también de mujeres intelectuales a las que se reprocha no ser lo suficientemente femeninas. El movimiento feminista ha transformado un poco esta situación al reivindicar el look natural, que como el black is beautiful, consiste en poner de cabeza la imagen dominante. Esto se percibe por supuesto como una agresión y suscita sarcasmos del tipo “las feministas son feas, todas son gordas”…
Habrá que pensar que en aspectos tan esenciales como la relación de las mujeres con sus cuerpos, el movimiento feminista no ha triunfado…
Porque no ha llevado el análisis lo suficientemente lejos. No ha medido bien el ascetismo y las disciplinas que impone a las mujeres esta visión masculina del mundo por la cual navegamos todos y a la que no cuestionan lo suficiente los señalamientos generales al “patriarcado”. En La distinción mostré que las mujeres de la pequeña burguesía , sobre todo cuando pertenecen a las profesiones de “representación”, invierten mucho tiempo y dinero en cuidados corporales. Estos estudios muestran que las mujeres están, por lo general, muy poco satisfechas con sus cuerpos. Cuando se les pregunta qué partes les gustan menos, son siempre aquellas que les parecen demasiado “grandes” o demasiado “gordas”; los hombres, por el contrario, se muestran insatisfechos con las partes de su cuerpo que consideran demasiado “pequeñas”. Y es que todo mundo da por sentado que lo masculino es grande y lo femenino pequeño y delicado. Si a esto añadimos los cánones, cada vez más estrictos, de la moda y de las dietas, comprenderemos entonces cómo el espejo y la báscula han substituido, para las mujeres, al altar y al reclinatorio.
Tomado de la revista francesa Télérama. Julio-agosto, 1998. 
Traducción por Carlos Bonfil.

martes, 25 de febrero de 2014

No día de hoxe falamos de Mary Wollstonecraft.

Nada en Spitalfields, Inglaterra, no ano1759. Falece na cidade de Londres no ano 1797.

Mary é quen de establecerse como escritora independente.
Sostén que as mulleres non son por natureza inferiores, senón que non reciben a mesma educación que os homes.
Defende unha orde social artellada sobre as bases da razón.
As súas teses son defendidas polo feminismo moderno na actualidade.

Eulalia Simal emprega os termos “destemida, racional e vehemente” para definir á autora e achéganos o seguinte fragmento.

“Un desexo salvaxe flúe do meu corazón a miña cabeza e non o reprimirei, aínda que poida excitar gargalladas.
Desexo honestamente ver como a distinción dos sexos confúndese na sociedade, menos
nos casos nos que o amor anime á conduta.
Porque estou completamente convencida de que esta distinción é o fundamento da debilidade de carácter atribuída a muller; é a causa pola que se lle nega o entendemento, mentres se adquire dotes con coidadoso esmero; é a mesma causa que fai que prefira o elegante ás virtudes cívicas”

“Vindicación dos dereitos das mulleres”, ano 1792.
Mary Wollstonecraft.

A Casa-Museo agradece a colaboración de Eulalia Simal nesta publicación.

M.G.P.
No día de hoxe falamos de Mary Wollstonecraft.

Nada en Spitalfields, Inglaterra, no ano1759. Falece na cidade de Londres no ano 1797.

Mary é quen de establecerse como escritora independente.
Sostén que as mulleres non son por natureza inferiores, senón que non reciben a mesma educación que os homes.
Defende unha orde social artellada sobre as bases da razón.
As súas teses son defendidas polo feminismo moderno na actualidade.

Eulalia Simal emprega os termos “destemida, racional e vehemente” para definir á autora e achéganos o seguinte fragmento. 

“Un desexo salvaxe flúe do meu corazón a miña cabeza e non o reprimirei, aínda que poida excitar gargalladas. 
Desexo honestamente ver como a distinción dos sexos confúndese na sociedade, menos
nos casos nos que o amor anime á conduta.
Porque estou completamente convencida de que esta distinción é o fundamento da debilidade de carácter atribuída a muller; é a causa pola que se lle nega o entendemento, mentres se adquire dotes con coidadoso esmero; é a mesma causa que fai que prefira o elegante ás virtudes cívicas”

“Vindicación dos dereitos das mulleres”, ano 1792.
 Mary Wollstonecraft.

A Casa-Museo agradece a colaboración de Eulalia Simal nesta publicación.

M.G.P.

lunes, 24 de febrero de 2014

ENTREVISTA DE ARCHIVO A SIMONE DE BEAUVOIR – EL SEGUNDO SEXO 25 AÑOS DESPUÉS

ENTREVISTA DE ARCHIVO A SIMONE DE BEAUVOIR – EL SEGUNDO SEXO 25 AÑOS DESPUÉS

Las mujeres de derecha no quieren la revolución. Son madres, esposas, devotas a sus hombres. Y cuando son agitadoras, lo que ellas quieren es un pedazo mayor de la torta. Quieren sueldos más altos, elegir mujeres en los parlamentos, ver una mujer ser presidenta.
Gerassi – ya pasaron 25 años desde que El Segundo Sexo fue publicado. Muchas personas, principalmente en los Estados Unidos, lo consideran el inicio del movimiento feminista contemporáneo, ¿usted qué opina?
Beauvoir – Pienso que no. El movimiento feminista actual, que comenzó hace unos cinco o seis años, no conocía realmente el libro. Posteriormente, con el crecimiento del movimiento, algunas de las líderes tomaron parte de sus fundamentos teóricos, pero no fue El Segundo Sexo que desencadenó el movimiento. La mayor parte de las mujeres que se volvieron activas en el movimiento eran muy jóvenes cuando el libro fue lanzado, en 1949-50, para ser influenciadas por él. Lo que me halaga, claro, fue que ellas lo hayan descubierto más tarde. Ciertamente algunas mujeres más viejas – Betty Friedan, por ejemplo, que me dedicó The Feminine Mystique (La Mística Femenina) – lo habían leído y talvez hayan sido influenciadas por él de algún modo. Pero las otras, de ninguna forma. Kate Millet, por ejemplo, no me cita ni una vez en su trabajo.
Puede ser que ellas se hayan vuelto feministas por las razones que yo explico en El Segundo Sexo; pero ellas descubrieron esas razones en sus experiencias de vida, no en mi libro.
Gerassi – Usted dice que su propia conciencia feminista surgió de la experiencia de escribir El Segundo Sexo. ¿Cómo ve usted la maduración del movimiento después de la publicación de su libro en términos de su propia trayectoria?
Beauvoir – Al escribir EL Segundo Sexo tomé conciencia, por primera vez, de que yo misma estaba llevando una vida falsa, o mejor, estaba beneficiándome de esta sociedad patriarcal sin percibirlo. Sucede que muy temprano en mi vida acepté los valores masculinos y comencé a vivir de acuerdo con ellos. Claro, me fue muy bien y eso reforzó en mí la creencia de que hombres y mujeres podrían ser iguales si las mujeres quisieran esa igualdad. En otros términos, yo era una intelectual. Tuve la suerte de pertenecer a una familia burguesa, que, además de financiar mis estudios en las mejores esuelas, también me permitió jugar con las ideas. Por eso, conseguí entrar en el mundo de los hombres sin muchas dificultades. Mostré que podía discutir filosofía, arte, literatura, etc., al mismo “nivel de los hombres”. Yo conservaba todo lo que fuera propio de la condición femenina para mí. Mi éxito me motivó a continuar, y al hacerlo vi que podía sostenerme financieramente, como cualquier intelectual del sexo masculino, y que a mí me tomaban en serio tanto como a cualquiera de mis colegas de sexo masculino.
Siendo quien yo era, descubrí que podría viajar sola si quisiese, sentarme en los cafés y escribir, y ser respetada como cualquier escritor del sexo masculino, y así por delante. Cada etapa fortalecía mi sentido de independencia e igualdad. Por lo tanto, se volvió muy fácil para mí olvidar que una secretaria nunca podría gozar de estos mismos privilegios. Ella no podría sentarse en un café y leer un libro sin ser molestada. Raramente ella sería invitada a fiestas por sus “dotes intelectuales”. Ella no podría recibir un préstamo o comprar una propiedad. Yo sí. Es más, yo acostumbraba despreciar el tipo de mujer que se sentía incapaz, financieramente o espiritualmente, que mostraba su pendencia a los hombres. De hecho, yo pensaba para mis adentros, “si yo puedo, ellas también pueden”. Al investigar y escribir EL Segundo Sexo fue que percibí que mis privilegios resultaban de haber abdicado, en algunos aspectos cruciales por lo menos, a mi condición femenina. Si pusiéramos lo que estoy diciendo en términos de clase económica, tal vez sea más fácil de comprender, yo me había vuelto una colaboracionista de clase.
A través de EL Segundo Sexo tomé conciencia de la necesidad de lucha. Comprendí que la gran mayoría de las mujeres simplemente no tenía la posibilidad de elección que yo había tenido; que las mujeres son, de hecho, definidas y tratadas como un segundo sexo por una sociedad patriarcal, cuya estructura entraría en colapso se esos valores fuesen genuinamente destruidos. Así como para los pueblos dominados económica y políticamente, el desenvolvimiento de la revolución es muy difícil y muy lento. Primero, las mujeres tienen que tomar conciencia de la dominación. Después, tienen que creer en la propia capacidad de cambiar la situación. Aquellas que se beneficiaron de su “colaboración” tienen que comprender la naturaleza de su traición. Y finalmente, las que tienen más a perder por tomar posición, quiero decir, mujeres que como yo, buscaban una situación confortable o una carrera exitosa, tienen que estar dispuestas a arriesgar su situación de seguridad – mismo que sea exponiéndose al ridículo – para alcanzar el respeto propio. Tienen que entender que sus hermanas, las más explotadas, serán las últimas a juntarse a ellas.
Una esposa de obrero, por ejemplo, es menos libre para unirse al movimiento. Ella sabe que su marido es más explotado que la mayoría de las líderes feministas y que él depende de su papel de madre/ama-de-casa para sobrevivir. De cualquier forma, por todas esas razones, las mujeres no se movilizaron. Hubo algunos pequeños movimientos bien interesantes, muy inteligentes, que lucharon por promociones políticas, por la participación de las mujeres en política, en el gobierno. Me refiero a esos grupos. Entonces llegó 1968 y todo cambió. Sé que algunos eventos importantes acontecieron antes de eso. EL libro de Betty Friedan, por ejemplo, fue publicado antes de 1968. En realidad, las mujeres norte-americanas ya estaban movilizándose en esa época. Ellas, más que nadie, y por razones obvias, estaban concientes de las contradicciones entre las nuevas tecnologías y el papel conservador de mantener a las mujeres en la cocina. Con el desarrollo de la tecnología -como poder del cerebro y no de los músculos – la lógica masculina de que las mujeres sean el sexo frágil y por eso, deban representar un papel secundario no puede más ser sostenida. Como las innovaciones tecnológicas eran muy difundidas en los Estados Unidos, las mujeres norte-americanas no escaparon a las contradicciones.
Por eso fue natural que el movimiento feminista tuviese su mayor ímpetu en el corazón del capitalismo imperial, aunque ese ímpetu hubiera sido estrictamente económico, esto es la reivindicación por salarios iguales, trabajos iguales. Pero fue dentro del movimiento anti-imperialista donde la verdadera conciencia feminista se desenvolvió. Tanto en el movimiento contra la Guerra de Vietnam en los EEUU cuanto luego después de la rebelión de 1968 en Francia y en otros países europeos, las mujeres comenzaron a sentir su poder. Al comprender que el capitalismo lleva necesariamente la dominación de los pueblos pobres en todo el mundo, millares de mujeres comenzaron a adherir a la lucha de clases – mismo cuando no aceptaban el término “lucha de clases”.
Ellas se volvieron activistas. Adhirieron a las marchas, demostraciones, campañas, grupos clandestinos, militancia de izquierda. Lucharon a la par de cualquier hombre por un futuro sin explotaciones, sin alienaciones. Pero ¿qué sucedió? En los grupos u organizaciones a los que adhirieron, descubrieron que, así como en la sociedad que intentaron combatir, también fueron tratadas como el segundo sexo. Aquí en Francia, no me arriesgo a hablar también de los EEUU, ellas se dieron cuenta que los líderes eran siempre los hombres. Las mujeres siempre eran las dactilógrafas y las que servían el café en los grupos pseudo-revolucionarios. Bueno, tal vez no debería decir pseudos, muchos de los participantes de esos movimientos eran revolucionarios genuinos. Pero fueron trenados, educados y moldeados en una sociedad patriarcal, estos revolucionarios trajeron estos valores para dentro del movimiento. Comprensiblemente, estos hombres no iban a dejar de lado sus privilegios y valores voluntariamente, así como la clase burguesa no dejaría su pseudo poder voluntariamente. De esta forma, así como cabe al pobre tomar el poder del rico, también cabe a las mujeres tomar el poder de los hombres.
Esto no quiere decir que las mujeres deban dominar a los hombres. Significa establecer igualdad, así como el verdadero socialismo establece igualdad económica entre todos los pueblos, el movimiento feminista aprendió que tendría que establecer igualdad entre los sexos sacando el poder de la clase que lideraba el movimiento, o sea, de los hombres. Colocándolo en otros términos: una vez dentro de la lucha de clases, las mujeres percibieron que no quedaba eliminada automáticamente la lucha de sexos. Fue ahí que yo tomé conciencia de lo que acabo de decir. Antes de eso, estaba convencida de que la igualdad entre hombres y mujeres sólo era posible con la destrucción del capitalismo ().
La igualdad entre hombres y mujeres es imposible en el sistema capitalista. Si todas las mujeres trabajaran tanto cuanto los hombres, ¿qué sucedería con esas instituciones de las cuales el capitalismo depende: como iglesias, casamiento, ejército y los millones de fábricas, negocios, etc. que dependen del trabajo de medio turno y mano barata? No es verdad que la revolución socialista establece necesariamente la igualdad entre hombres y mujeres. Mire lo que sucedió en la Unión Soviética o en Checoslovaquia, (mismo si estuvimos dispuestos a llamar esos países como “socialistas”) donde hay una confusión profunda entre emancipación del proletariado y emancipación de la mujer. De alguna forma, el proletariado siempre termina siendo constituido de hombres. Los valores patriarcales permanecieron intactos, tanto allá como aquí. Y eso – esa conciencia entre las mujeres que la lucha de clases no engloba la lucha de sexos – es lo nuevo. La mayoría de las mujeres sabe eso ahora. Esa es la mayor conquista del movimiento feminista, es la que va alterar la historia en los próximos años.
Gerassi – Pero esa conciencia está limitada a las mujeres que son de izquierda, mujeres comprometidas con la reestructuración de toda la sociedad.
Beauvoir – Bueno, claro, ya que las otras son conservadoras, lo que significa que quieren conservar lo que fue o lo que es. Mujeres de derecha no quieren la revolución. Ellas son madres, esposas, devotas a sus hombres. Y cuando son agitadoras, lo que ellas quieren es un pedazo mayor de la torta. Ellas quieren sueldos más altos, elegir mujeres en los parlamentos, ver una mujer ser presidenta.
Fundamentalmente, creen en la desigualdad, con la diferencia que quieren estar en el top y no debajo. Pero se acomodan bien al sistema o con pequeños cambios para acomodar mejor sus reivindicaciones. EL capitalismo, ciertamente, puede darse el lujo de permitir a las mujeres servir al ejército o entrar en la policía. EL capitalismo es muy inteligente, lo suficiente para dejar más mujeres participar del gobierno. EL pseudo-socialismo puede permitir que una mujer se vuelva secretaria-general de su partido. Esto es una pequeña reforma social, como el seguro social o las vacaciones pagas. ¿La institucionalización de las vacaciones pagas cambió la desigualdad del capitalismo? ¿EL derecho de las mujeres de trabajar en fábricas con salarios iguales a los de los hombres cambió los valores masculinos de la sociedad checa? Pero cambiar todo el sistema de valor de cualquier sociedad, destruir el concepto de maternidad: eso es revolucionario.
Una feminista, se autodenomine o no de izquierda, es de izquierda por definición. Ella está luchando por una igualdad plena, por el derecho de ser tan importante, tan relevante, cuanto cualquier hombre. Por eso, incorporada en su revuelta por la igualdad de géneros está la reivindicación por la igualdad de clases.
En una sociedad en la que el hombre pueda ser madre, para ponerlo en términos de valores y quede claro, la llamada “intuición femenina” sería tan importante cuanto el “conocimiento masculino” – para usar el lenguaje corriente, a pesar de lo absurdo – en que ser gentil o delicado es mejor que ser durón; en otras palabras, en una sociedad la cual la experiencia de cada persona sea equivalente a cualquier otra, queda establecido automáticamente la igualdad, lo que significa igualdad económica y política, entre otras cosas. De esta forma, la lucha de sexos incluye la lucha de clases, pero la lucha de clases no incluye la lucha de sexos. Las feministas son, por lo tanto, izquierdistas genuinas. De hecho, están a la izquierda de lo que llamamos tradicionalmente la izquierda política.
Gerassi – ¿Pero eso es real? Por ejemplo, yo aprendí a no usar la palabra “bonita”, a prestar atención a las mujeres en cualquier discusión de grupo, a lavar los platos, ordenar la casa, hacer las compras. ¿Pero será que soy menos sexista en mis pensamientos? ¿Será, por mis actitudes que me despojé realmente de mis valores masculinos?
Beauvoir – ¿Usted quiere decir en lo más íntimo suyo? Para serle sincera, ¿a quién le importa? Piense un poco. Usted conoce una persona del sur racista, sabe que es racista porque la conoce desde que nació, pero ella nunca dice “criollo”. Escucha todos los reclamos de las personas negras y da lo mejor de sí para lidiar con ellas. Combate otros racistas, insiste en dar una educación encima de lo común para los niños negros, quiere compensar los años en que faltó escuela para ellos. Les da recomendaciones para que hombres negros consigan préstamos bancarios. Él da apoyo a candidatos negros en su distrito a través de ayuda financiera y con su voto usted piensa que se preocupa por las personas negras. ¿A alguien le importa que él siga pensando de forma tan racista cuando sus actitudes no lo son? Esencialmente, exploración es hábito. Si usted consigue controlarlos, hacer que sea “natural” tener hábitos contrarios, ya es un gran paso. Si usted lava los platos, ordena la casa y toma actitudes que no lo hacen sentir menos “hombre” por hacerlo, usted estará ayudando a establecer nuevos hábitos. Dos generaciones que sientan que tienen que parecer no-racistas el tiempo entero, la tercera ya nacerá no racista.
Entonces finja ser no-sexista, y continúe fingiendo. Piense en eso como un juego. En sus pensamientos más íntimos, puede continuar pensando que usted es superior que las mujeres. En cuanto usted continúe representando de forma convincente – lavando los platos, haciendo las compras, ordenando la casa, cuidando los niños – estará abriendo precedentes, especialmente para hombres como usted, que tienen cierta pose de “macho”. La cuestión es que yo no creo en eso. No creo que usted realmente haga lo que dice, una cosa es lavar los platos, pero cambiar pañales día y noche, es otra.
Gerassi – Bien, yo no tengo hijos…
Beauvoir – ¿Porqué no? Porque usted eligió no tenerlos, ¿piensa que las madres que usted conoce eligieron? O ¿fueron intimidadas a tenerlos? Hablando en términos más sutiles, ellas fueron criadas para pensar que es natural y normal, propio de las mujeres tener hijos, por eso, ¿eligieron tenerlos? Esos son los valores que hay que cambiar.
Gerassi – Cierto. Y es por eso, y yo comprendo, que muchas feministas insistan en ser separatistas. Pero en términos de revolución, tanto la de ellas cuanto la mía, ¿será que podemos ganar si nos separamos en dos grupos totalmente diferentes? ¿Será que el movimiento feminista conseguirá alcanzar su objetivo excluyendo a los hombres de su lucha tanto en Francia cuanto en los Estados Unidos?
Beauvoir – Un momento, primero tenemos que investigar el porqué de las razones de que ellas sean separatistas. No puedo hablar por los Estados Unidos, pero aquí en Francia hay muchos grupos de concientización, de los cuales los hombres son excluidos porque las militantes piensan que es muy importante redescubrir su identidad como mujeres. Solo pueden hacerlo conversando entre ellas, contando entre sí cosas que nunca osarían hablar en presencia de sus maridos, amantes, hermanos, padres, o cualquier otro representante del poder masculino. La necesidad de hablar con la intensidad y honestidad deseada sólo puede ser realizada de esta manera.
Ellas han conseguido comunicarse con una profundidad que nunca pensé que fuera posible cuando yo tenía 25 años. Inclusive cuando yo estaba entre mis amigas mujeres más íntimas en aquella época, los problemas de las mujeres nunca eran discutidos. Entonces ahora, por primera vez, por causa de esos grupos de concientización, y por causa de la fuerza del deseo de confrontar genuinamente los problemas femeninos dentro de esos grupos, están naciendo amistades verdaderas entre mujeres. En el pasado, durante mi juventud hasta hace poco, las mujeres no acostumbraban hacerse amigas de verdad unas de las otras. Se veían entre sí como rivales, inclusive enemigas, o en la mejor de las hipótesis, como competidoras.
Actualmente, como resultado de estos grupos de concientización, las mujeres no solo se hacen amigas como también son capaces de construir amistades verdaderas entre sí, también aprendieron a ser cálidas, abiertas, profundamente tiernas unas con otras: ellas están transformando hermandad y fraternidad en realidad – y sin volver esas relaciones dependientes de una sexualidad lésbica. Claro que hay muchas batallas, inclusive algunas estrictamente feministas con impacto social, de las cuales las mujeres esperan que los hombres participen y muchos lo han hecho. Estoy pensando, por ejemplo, en la lucha por la legalización del aborto aquí en Francia, cuando organizamos la primera demostración de peso hace tres o cuatro años. Recuerdo bien de la gran cantidad de hombres presentes. Eso no quiere decir que ellos no fueran sexistas () pero esos hombres que estaban presentes, eran concientes del sexismo en la sociedad y tomaron una posición política contra eso. En esas ocasiones los hombres son bien-venidos, inclusive los estimulamos a adherir a la lucha.
Gerassi – Pero también hay muchos grupos, por lo menos aquí en Francia, que proclaman su separatismo con orgullo y definen su lucha como estrictamente lésbica.
Beauvoir – Seamos precisos. Dentro del MLF [Movimiento de Libertación de la Mujer] hay sí muchos grupos que se denominan lésbicos. Muchas de esas mujeres, gracias al MLF y a los grupos de concientización, pueden decir ahora abiertamente que son lesbianas y eso es muy bueno. Antes no había costumbre de ello. Hay otras mujeres que se asumieron lesbianas por una especie de compromiso político: ellas piensan que ser lesbiana es una actitud política dentro de la lucha de sexos, eso sería equivalente a los principios del black power en la lucha racial. Es verdad que ellas tienden a ser más dogmáticas en relación a la exclusión de los hombres de su lucha. Pero eso no significa que ignoren las numerosas luchas que están siendo trabadas por todo el mundo contra la opresión. Cuando Pierre Overney, el joven militante maoísta que fue asesinado a sangre fría por un policía de una fábrica de Renault por no dispersarse durante una manifestación, toda la izquierda organizó una marcha de protesta en París. Todas las llamadas separatistas lesbianas radicales adhirieron a la manifestación y llevaron flores a su túmulo. Eso no significa que ellas expresaran su solidaridad por Overney, el hombre, pero sí que ellas se identificaron con la protesta contra el Estado que explota y comete abusos contra las personas – hombres y mujeres. (…)
Gerassi – Me interesa el tema de que las mujeres sean más libres, me intriga porque en nuestra sociedad, la libertad es alcanzada con dinero y poder. ¿Las mujeres tienen más poder hoy, después de casi una década de movimiento feminista?
Beauvoir – En el sentido en que usted lo pregunta, no. Las intelectuales, mujeres jóvenes que están dispuestas a correr el riesgo de ser marginadas, las hijas de ricos, cuando están dispuestas y son capaces de romper con los valores de sus padres: esas mujeres sí, son más libres. Por causa de su nivel de educación, estilo de vida, o recursos financieros, ellas consiguen escapar a una sociedad competitiva, vivir en comunidades o al margen, y desarrollar relaciones con otras mujeres similares a ellas u hombres sensibles a sus problemas y de esa forma, se sienten más libres. En otras palabras, las que puedan sustentarse, consiguen sentirse más libres.
Pero como clase, las mujeres ciertamente no son más libres, precisamente porque, como usted dice, no tienen poder económico. Actualmente, hay todo tipo de estadística para probar que el número de mujeres abogadas, médicas, publicitarias, etc., está creciendo. Pero esas estadísticas son engañosas. EL número de abogadas y ejecutivas poderosas no aumentó. ¿Cuántas abogadas pueden agarrar un teléfono y llamar a un juez, u oficial del gobierno, para marcar un horario o pedir favores especiales? Esas mujeres tienen que operar a través de sus equivalentes hombres ya establecidos. () En Francia tenemos a Simone Weil, ministra de salud y a Francoise Giroud, que es la ministra responsable por las cuestiones femeninas, es básicamente una pieza de muestrario destinada a aplacar las necesidades de las mujeres burguesas de integración al sistema. ¿Cuántas mujeres controlan dinero en el Senado? ¿Cuántas controlan la política editorial de diarios? ¿Cuántas son juezas? ¿Cuántas son presidentas de banco, capaces de financiar empresas? Sólo porque hay muchas más mujeres en posiciones de nivel medio, como los periodistas dicen eso no quiere decir que ellas tengan poder. E incluso esas mujeres tienen que hacer el juego de los hombres para ser exitosas.
Todo esto no quiere decir que yo no crea que las mujeres hayan progresado en la lucha. El progreso es resultado de la acción de masa. (…) En acciones de masa, las mujeres tienen poder. (). Volviendo al caso de las mujeres que pueden financiar la búsqueda de la libertación individual, cuanto más pudieran influenciar a sus amigas y hermanas, más esa concientización se ampliará y paralelamente cuanto más frustradas por el sistema, estimularán a la acción de masas. Es obvio que cuanto más esta concientización se expanda, más agresivos y violentos se pondrán los hombres. Entonces cuanto más agresivos sean los hombres, más las mujeres precisarán de otras mujeres para responder, mayor será la necesidad de grandes acciones. Hoy en día, la mayoría de los operarios del mundo capitalista está conciente de la lucha de clases, si ellos se denominan Marxistas o no, no implica que hayan o no oído hablar de Marx. Y así debe suceder en la lucha de sexos. Y sucederá.
Gerassi – Usted me dijo el año pasado que estaba pensando en escribir otro libro sobre mujeres, una especie de secuencia de EL Segundo Sexo. ¿Lo va a hacer?
Beauvoir – En primer lugar, ese tipo de trabajo tendría que resultar de un esfuerzo colectivo. Además debería basarse más en la práctica que en la teoría. EL Segundo Sexo fue por el camino inverso, ahora eso no es más válido. Es en la práctica que hoy podemos ver cómo la lucha de clases y la lucha de sexos se intercalan, o por lo menos cómo pueden articularse. Pero eso vale para todas las luchas actuales: en los términos en que se formulan nuestras teorías con base en la práctica y no al contrario. Lo que se hace realmente necesario es que un grupo de mujeres, de todo tipo de países, reúna sus experiencias de vida y que, a partir de ellas, podamos identificar los padrones con los cuales las mujeres lidian en todos los lugares. Es más, esa información debería ser colectada de todas las clases y eso ya es doblemente difícil.
Al final, las mujeres que traban la lucha por la libertación, hoy en día, son en su mayoría intelectuales burguesas; las esposas de obreros e inclusive las obreras se mantienen presas al sistema de valor de la clase media. Intente, por ejemplo, conversar con una de ellas sobre los derechos de las prostitutas y cómo deberían serrespetadas. La mayoría de las obreras se quedaría chockeada con esta idea. Concientizar a las obreras es un proceso muy lento y necesita de mucho tacto. Yo sé que hay extremistas del MLF que están intentando hacer que las esposas de obreros se rebelen contra sus maridos, considerándolos opresores masculinos. Pienso que eso es un error. En Francia por lo menos, no dudará en responder: “pero mi enemigo no es mi marido, es mi patrón”. Mismo teniendo que lavar las medias de su marido y prepararle la comida después de también haber pasado todo el día trabajando en alguna fábrica. Igualmente sucedió en los Estados Unidos, cuando las mujeres negras se negaban a escuchar a las defensoras del movimiento de libertación de las mujeres porque ellas eran blancas. Estas mujeres negras continuaban apoyando a sus maridos negros a pesar de la explotación, simplemente porque las personas que intentaron concientizarlas sobre la explotación eran blancas. Gradualmente, entre tanto, una feminista burguesa consigue llegar a una esposa de obrero, así como en los Estados Unidos, hoy día ya hay algunas mujeres negras – muy pocas, lo reconozco – que dicen, “nosotras no queremos someternos a la opresión de nuestros hombres bajo el pretexto de que ellos son negros y que tenemos que luchar juntos contra los blancos. Eso no es motivo para que nos opriman, solo porque ellos son nuestros maridos negros”. Entre tanto, la lucha de clases, puede estimular y de hecho lo hace, y promueve la lucha de sexos de maneras bien concretas.
En los últimos años, por ejemplo, hubo muchas huelgas, aquí en Francia, en fábricas donde las obreras eran casi todas mujeres. Estoy pensando en la de la industria textil en Troyes, en el norte del país, o en la Nouvelles Galeries en Thionville, o la famosa huelga de Lip. En cada caso, las obreras no solamente adquirían una nueva conciencia como también pasaron a creer más en su poder, y esa actitud tocó el sistema machista que ellas vivenciaban en casa.
En la Lip, por ejemplo, las mujeres tomaron la fábrica y se negaron a evacuar el edificio a pesar de las amenazas de la policía de usar la fuerza para sacarlas. Al principio, los hombres se enorgullecieron mucho de sus mujeres militantes. Ellos llevaban comida, ayudaban a hacer carteles para los piquetes, etc. Pero cuando las mujeres decidieron ser totalmente iguales a los pocos hombres que también trabajaban en la Lip y que también participaban en la huelga, los problemas comenzaron a surgir. Los huelguistas decidieron organizar turnos para vigilar la fábrica e impedir que la policía invadiera. Eso significaba servicio nocturno. Oh, oh. Entonces, de repente, los maridos se incomodaron. “Ustedes pueden hacer huelgas y piquetes cuanto quieran,” dijeron, “pero solamente durante el día, de noche no. ¿Servicio de vigilancia nocturno? ¡Ah no! ¿Dormir en turnos en grandes cuartos colectivos? ¡Ah no!” Naturalmente, las obreras resistieron. Ellas habían luchado por igualdad, no iban a desistir ahora. Ellas se estaban comprometiendo con dos luchas: la de clases contra los patrones de la Lip, la policía, el gobierno, etc., por un lado; y la de sexos contra sus propios maridos, por el otro. Sindicalistas de la Lip contaron que las mujeres se transformaron completamente después de la huelga diciendo “una cosa que aprendí en esta lucha fue que nunca más voy a dejar que mi marido haga a veces de patrón en casa. Ahora estoy contra todos los patrones.”
Gerassi – Usted escribió que tuvo una vida buena y no se arrepiente de nada. ¿Sabía que hay muchas parejas que toman su vida con Sartre como modelo, especialmente en el sentido que ustedes no tenían celos uno del otro, que tenían una relación abierta y que resultó por 45 años?
Beauvoir – Pero es ridículo que nos usen de modelo. Las personas tienen que encontrar su propio estilo, su propia estructura. Sartre y yo tuvimos mucha suerte, pero nuestra educación también había sido muy singular, excepcional. Nos conocimos cuando éramos muy jóvenes. Él tenía 23 años, yo 20. Todavía no nos habíamos recibido, a pesar de que ya estábamos moldeados para ser intelectuales con motivaciones semejantes. Para nosotros, la literatura había sustituido la religión.
(…)A medida que mi relación con Sartre se profundizaba, me convencí que yo era insustituible en su vida, y él en la mía. Estábamos totalmente seguros de que nuestra relación también era muy sólida, nuevamente, predestinada, a pesar de que en la época no nos tomábamos en serio esa palabra. Cuando se confía tanto, es fácil no sentir celos. Pero claro que si yo hubiera pensado que otra mujer podía llegar a ocupar el mismo lugar que yo en la vida de Sartre, sí hubiera tenido celos.
Gerassi – ¿Usted está optimista? ¿Piensa que los cambios por los cuales está luchando se realizarán?
Beauvoir – No sé. De cualquier forma, no durante mi vida. Tal vez en cuatro generaciones. No sé respecto a la revolución. Pero los cambios por los cuales las mujeres están luchando, esos sí tengo certeza de que a largo plazo, las mujeres vencerán.
Artículo de  John Gerassi, visto en www.lahaine.org. 1976. Extraído (y traducido) de Languages at Southampton University por Mariana Pessah a partir de la página http://www.simonebeauvoir.kit.net/artigos_p02.htm

Ella es.

Marga Canalejo     Ella es, ante todo y sobre todo una profesional, y sabe....que los globos son, sólo eso, Globos. Blufh$$$$ que, o bien ...

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