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jueves, 27 de febrero de 2014

EL CONTRAMODELO DE LA ‘MADRE RACHEL’

Cómo salir adelante si eres de clase media: ¿las seis mejores soluciones?

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Cuando la emancipación femenina parecía haber llegado a un punto de no retorno, y el anhelo por seguir conquistando mayores cuotas de igualdad sexual se estaba convirtiendo en hegemónico, al menos en Occidente, ha surgido una corriente de madres reaccionarias contra este modelo vital. La abanderada de este ‘contramovimiento’, que “muchas mujeres defienden, perono se atreven a dar la cara por ser políticamente incorrecto”, es la escritora británica y coach especializada en la crianza de los hijos Rachel Ragg.
Su pensamiento, a grandes rasgos, podría resumirse en una crítica a “la horrible existencia de las modernas madres-trabajadoras”, en contraposición a la “felicidad plena de las tradicionales madres y amas de casa”. Un mensaje retrógrado que, en pleno siglo XXI y en un contexto de crisis demográfica y económica, está calando entre un considerable sector de la población femenina, a juzgar por el número de lectoras que siguen las columnas de opinión de Ragg en revistas dirigidas a madres y medios generalistas (The Times, The Daily Telegraph, The Independent The Daily Mail).
Las enseñanzas y consejos de Ragg están revestidos de una irresistible promesa: felicidad, dinero y amor. Su propia vida sirve en ocasiones como ejemplo, aunque reconoce ciertos fallos, como haber tenido hijos demasiado tarde (a los 30 años, pues asegura que lo ideal es a los 20 o 22), no haberse casado con una persona más rica y joven y verse obligada a trabajar ocasionalmente (dando conferencias y alguna clase en la universidad).
Nos han engañado con el mito de la mujer trabajadoraFiel creyente de la teoría conspirativa del “nos han engañado con el mito de la mujer trabajadora”, lo que haría a las mujeres más infelices por no poder tener hijos, disfrutar de ellos y estar explotadas laboralmente, se ha propuesto convertir a su hija en el reflejo práctico de sus teorías. Matilda, que sólo tiene nueve años, protagoniza varios de sus artículos, cuyo modelo de crianza para que de mayor sea rica y feliz se podría resumir en las siguientes claves.
1. Objetivo desde la infancia: casarse con una persona rica
La pequeña Matilda, según asegura su madre, tiene muy claro cuál es su principal objetivo vital: casarse con un rico. Para Ragg, todas las niñas tienen que asumir este reto desde edades muy tempranas. La libertad económica, dice, no consiste en tener un trabajo, sino en tener dinero para poder criar a cuantos más hijos mejor y entregarse a las tareas del hogar para conseguir una perfecta vida en familia.
2. No ser asalariadas: trabajar en el cuidado de marido y niños
Ragg recuerda que ella estudió en una escuela privada sólo para niñas, al igual que su hija, donde le enseñaron que el objetivo de sus vidas tenía que centrarse en una carrera profesional exitosa, preferiblemente como abogada, médico o ingeniera, “sin ni siquiera nos mencionar la maternidad”. Un claro error, dice, porque según su experiencia, “combinar la maternidad con el trabajo es la antítesis de una vida feliz y plena”.
Tener una familia y dedicarse a su cuidado es lo más gratificante para ella: “la simple idea de pensar en que tengo que volver a trabajar hace que me hierva la sangre”. De hecho, explica que el momento más triste de su vida fue cuando tuvo que reincorporarse a sus clases tras el año de excedencia obtenido por su maternidad.
3. Ser madres lo antes posible: no más tarde de los 22
Rachel Ragg.Rachel Ragg.“Olvídense de las absurdas aspiraciones de tener una carrera profesional exitosa, piensen mejor en casarse con un hombre rico y tener hijos a edades tempranas”, espetó Ragg a un grupo de estudiantes en una conferencia. Esta afirmación, dice, “sólo causó estupor entre mis colegas profesores, mientras que los jóvenes estudiantes entendieron el mensaje a la perfección”. Esto es porque cada vez se hace más evidente que “las madres trabajadoras tienen una vida miserable: deben hacer malabares para cuidar a los niños, realizar las tareas del hogar y, encima, trabajar fuera de casa. Esto sí que hace que nos sintamos oprimidas”.
Priorizar la maternidad sobre la carrera profesional también es la clave para tener un matrimonio feliz y duradero. “Muchas amigas que retrasaron la maternidad por haberse centrado más en su trabajo acabaron quedándose sin marido y sin hijos”. Su recomendación es que, como muy tarde, se tenga el primer hijo a los 22 años. En su caso, Ragg lamenta que no fue madre hasta los 30, lo que le ha impedido tener cinco o seis hijos como le hubiese gustado.
4. Educación elitista: sólo para relacionarse con la clase alta
“Como profesora, doy mucha importancia al aprendizaje de mi hija. De hecho, espero que pueda realizar sus estudios superiores en la Universidad de Oxford”. Sin embargo, no entiende la educación como una plataforma de lanzamiento a una estelar carrera profesional, sino que cree que Oxford es el lugar ideal para que su hija encuentre un buen marido. Es decir, “alguien con aspiraciones y preparación para ganar mucho dinero, lo que permitirá a Matilda ser madre y ama de casa”.
5. Hacer una lista de los mejores pretendientes, según su dinero
La verdadera opresión de la mujer es ser ama de casa y trabajadora al mismo tiempoLa obsesión de esta coach por que su hija sea el vivo reflejo de su modelo vital la ha llevado incluso a elaborar una lista de sus mejores pretendientes. En el peculiar ranking aparecen los hijos de las familias más ricas de la generación de Matilda. Una especie de guía, dice, “para saber en qué círculos introducirla cuando sea mayor”.
6. Normas de urbanidad: los idiomas son secundarios
El dinero y el esfuerzo que Ragg emplea en la educación de su hija no sólo está enfocado “a que aprenda chino mandarino”, apunta despectivamente, sino porque “quiero que de mayor sea una mujer amable, generosa, atenta y bien hablada. Quiero que ella sepa trasmitir su creatividad, conocimientos e inteligencia a sus hijos, y que no desperdicie su valía en una carrera profesional. En definitiva, apunta, “no quiero que sufra el mismo destino de mi generación, hacer malabares entre la familia y el trabajo para acabar como una pobre infeliz”.
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lunes, 24 de febrero de 2014

Se canta lo que se pierde


PERSONAJES EN LIMPIO

Se canta lo que se pierde

Alumnos del Instituto Antonio Machado llevan flores a la tumba de...
Alumnos del Instituto Antonio Machado llevan flores a la tumba de Leonor, ayer, en Soria. CONCHA ORTEGA
Al anochecer de un 27 de enero de 1939, procedentes de una masía de Viladaséns, cinco días después de dejar Barcelona en una caravana de coches, camiones y ambulancias hacia Francia, los vehículos se pararon formando un embotellamiento a un par de kilómetros de la frontera. Salieron todos a la carrera dejando abandonados los autos. TambiénAntonio Machado, su madre, Ana, y su hermano José, arrastrados por la turba desesperada. Caminó el poeta embozado en su viejísimo abrigo y agarrado a su bastón junto a una madre moribunda que llevaba los pelos chorreantes de agua, según refiere Pablo Corbalánen la revista Tiempo de Historia (marzo, 1975). Al llegar a la frontera,Corpus Barga, que no se había separado de los Machado en los últimos meses, pidió a un par de senegaleses que custodiaban el límite francés que levantasen la pesada cadena de hierro para dejar pasar a Antonio Machado, poeta nacional, gloria de España, que huía del fascismo. Este hombre agotado es lo que Paul Valery a Francia, dijo para que se le entendiese. Y así, desguarnecido, a pie bajo las lluvias y en medio de la noche, tan ligero de equipaje que llevaba consigo una madre medio muerta y una neumomía, ni un franco francés, se fue de su país Antonio Machado.
La primera noche en el exilio, sin alojamiento, salió encogido del coche mientras Corpus Barga llevaba en brazos a su madre, de 88 años, que repetía cuánto faltaba para Sevilla. Antonio Machado ya era entonces un hombre hundido en tristezas, flaco de solemnidad, con el rostro desplomado en ojeras y anteojos de mirada desolada. No había huella de la cara generosa y plácida que guardaba sonrisas esquinadas cuando le apuntaba la cámara. Ni sombrero ni papada de profesor. A falta de dinero prometió pagar a la casera de Collioure con poemas. Murió tres semanas después, hace 75 años, mientras murmuraba: «Adiós, madre». Eran las cuatro de la tarde del día 22 de febrero y en los bolsillos se le habían quedado arrugados los días azules y el sol de la infancia. Los refugiados españoles de Collioure se acercaron a velar en silencio reverencial el cadáver de Antonio Machado llevándole flores y banderas. Su madre murió tres días después.
Había muerto ya, en enero de 1936, Ramón María del Valle-Inclán, enterrado en un día de tormenta por una multitud que iba parando con el difunto en los bares y llegó borracha al monte de Boisaca, en Santiago, escoltada por falangistas hostiles que a su lado, mientras un loco se tiraba al foso para arrancarle el crucifijo, mataron a un perro y se pusieron a enterrarlo allí mismo. Había muerto fusilado a los 38 años Federico García Lorca, genio de la literatura universal. Había muerto el último día de 1936 Miguel de Unamuno, que meses antes dijo en público al mutilado Millán Astray si no querría él, con su viva la muerte, llenar España de inválidos para sentirse mejor. Moriría tres años después, encerrado como un lobo y enfermo de tuberculosis, el pastor de ovejas Miguel Hernández que le había escrito a su mujer «Te me mueres de casta y de sencilla: / estoy convicto, amor, estoy confeso / de que, raptor intrépido de un beso, / yo te libé la flor de la mejilla». Al recibir noticias de que ella sólo comía pan y cebolla, por eso a su bebé la leche materna le sabía amarga y lloraba sin consuelo, le escribió a su hijo: «En la cuna del hambre / mi niño estaba. / Con sangre de cebolla / se amamantaba. / ... / Tu risa me hace libre, / me pone alas. / Soledades me quita, / cárcel me arranca».
anapixel
Así acabaron las mejores mentes del siglo XX español -tan mal como las peores- y así llevaron el país sus políticos, considerados 100 años después como los mejores parlamentarios, intelectuales muchos de ellos de altura, escritores de libros de referencia y no memorias de chusmerío para sacudir el bolsillo. «Al hombre público», dijo elMairena de Machado, «muy especialmente al político, hay que exigirle que posea las virtudes públicas, todas las cuales se resumen en una: fidelidad a la propia máscara». Podría pensarse por qué aquellas generaciones tan lúcidas, aún no superadas, llevaron el desencanto feroz de El Quijote al Guernica, convirtieron la poética desengañada de quien se abalanza sobre molinos en la mirada cubista, horrorizada, sobre una ciudad destruida.
Se canta lo que se pierde, sí. Chaves Nogales, enterrado en el cementerio de Fulham, Londres, sin lápida ni nombre, en una parcelita llamada CR19, dijo que el pueblo francés, en la caída ante el nazismo, no había estado a la altura de su clase política. «El pueblo francés se había hecho indigno de su régimen democrático, el elector valía menos que el diputado, el administrado menos que el administrador (...) y, en general, el gobernado menos que el gobernante». Se constata que un siglo después es el pueblo español, con sus miserias y rencores, pero con la tenacidad intacta para evitar desvaríos pasados, el que se ha situado pacientemente por encima de sus gobernantes. Genera enormes frustraciones, pero evita al fin y al cabo una guerra civil. Evita, y no es poco, que sus grandes escritores crucen a escondidas las fronteras para no ser fusilados por sus lectores.

Ella es.

Marga Canalejo     Ella es, ante todo y sobre todo una profesional, y sabe....que los globos son, sólo eso, Globos. Blufh$$$$ que, o bien ...

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